Nombre del municipio: VILLAVIEJA
NIT: 891180187-2
Código Dane: 41872
Gentilicio: Villaviejunos Academico: VILLEVO
Otros nombres que ha recibido el municipio:
SAN JUAN DE NEIVA
VALLE DE LAS TRISTEZAS
PUERTA DE LA HUILENSIDAD
PATRIMONIO HISTORICO Y CULTURAL
CAPITAL PALEONTOLOGICA DE COLOMBIA
NIT: 891180187-2
Código Dane: 41872
Gentilicio: Villaviejunos Academico: VILLEVO
Otros nombres que ha recibido el municipio:
SAN JUAN DE NEIVA
VALLE DE LAS TRISTEZAS
PUERTA DE LA HUILENSIDAD
PATRIMONIO HISTORICO Y CULTURAL
CAPITAL PALEONTOLOGICA DE COLOMBIA
Fecha de fundación: 18 de agosto de 1550
Nombre del/los fundador (es): JUAN ALONSO DE LA TORRE
Reseña histórica:
PRIMERA CAPITAL DEL DEPARTAMENTO DEL HUILA Y UNO DE LOS MUNICIPIOS MAS ANTIGUOS DEL CENTRO DEL PAIS
El Valle de Yacará, hoy Villavieja, estuvo poblado por caseríos dispersos de indígenas Doches y Totoyoes, los cuales vivieron en la ribera del río Cabrera (Totoró), los primeros, y en la margen derecha del río Magdalena (Yuma) LOS Totoyoes. Como testimonio de esta época, Correal Urrego (1977) encontró una gran cantidad de materiales líticos, los cuales pertenecen a asentamientos temporales, establecidos en grupos muy densos de cazadores, pescadores y recolectores.
La mayor parte de estos elementos corresponde a desechos de talla o lascas atípicas o irregulares; en esta serie están representados raspadores de tipo lateral, terminal y discoidal, asociados a actividades de caza. A pesar de que es incuestionable la actividad humana prehistórica en la región de Villavieja y la Tatacoa, su naturaleza está vagamente estudiada. Estos indígenas mantuvieron buenas relaciones comerciales con los pueblos del norte y del sur; los puntos de encuentro pudieron haber sido los sitios conocidos como Piedra Pintada, en la margen izquierda del río Magdalena (municipio de Aipe) y La Venta (municipio de Villavieja); algunas cerámicas encontradas por los campesinos dan cuanta de este hecho permitiéndonos entender la red de caminos que hubo en el territorio huilense por donde transitaron numerosas tribus, y culturas dese tiempos inmemoriales.
“El camino del Páramo de las Papas o del Sur, tiene antiquísimo origen que le dieron los intercambios indígenas en tiempos precolombinos. Bien se sabe que sobre él, se realizó el comercio de distintas naciones, como la sal de los Chibchas y las mantas y tejidos de los Incas del Perú y otras civilizaciones situadas más abajo de la línea ecuatorial”. Estos pueblos cayeron en manos de conquistadores ambiciosos, codiciosos, que atendían a un patrón cultural, dirigidos por Gonzalo Jiménez de Quesada, quien llegó desde el norte y bautizó este lugar como “Valle de las tristezas” (1538), y Sebastián de Belalcázar, quien venía de sur a norte (1539); los dos en busca del “Dorado”. Joaquín García Borrero, retomando al padre Aguado, en su obra Recopilación Historial, afirma: “Teniendo noticias de las muchas riquezas que en Neiva había, fue allá con parte de su gente…Había en este valle de Neiva de la una parte y otra del río algunas poblaciones.
Los naturales, teniendo noticias de la llegada de los españoles, dejaron sus pueblos y se pasaron a la otra parte del río grande, pero luego, algunos pasaron a visitar al general, y trajeron de presente cincuenta libras de oro muy fino y subido de quilates. La noticia del pilar de oro no era cierta; se trataba de un madero recubierto con oro; los españoles enfermaron debido al clima ardiente, razón por la cual le dan el nombre ya mencionado de “Valle de las Tristezas” “El valle de Neiva fue el nombre que diera Belalcázar a lo que hoy es propiamente el departamento del Huila”.
A partir de entonces, se entabla una lucha de principios, de cosmovisiones diferentes, los indígenas con el vigor y energía ecológica contra la fuerza de los españoles portadores de una cultura del Medioevo decadente. Según Bernardo Tovar Zambrano, quien toma datos de Fray Jerónimo, el exterminio de los indígenas fue inminente: 1538 20.000 indígenas en la provincia de Timaná, 1582 700 indígenas en la misma provincia. Lo cual implica que en 44 años han dejado de existir 19.300 indígenas en la provincia de Timaná. “Sebastián de Belalcázar llegó al valle de Neiva en 1538, un año después que lo hiciera Jiménez de Quesada.
Al parecer, la entrada de Belalcázar fue bastante violenta, pues así lo señalaban fundados indicios que sobre sus actividades de ranchería, apropiación de oro, captura de mujeres indígenas, quema de pueblos y otros hechos similares, según una probanza hecha en Santa Fe en 1539 ante el alguacil mayor Hernán Pérez de Quesada.
Para la expedición de Belalcázar, según lo manifiesta Juan de Castellanos, “el valle de Neiva resultó ser una tierra exactamente opuesta a la experimentada por los hombres de Jiménez de Quesada”. El conquistador Sebastián de Belalcázar, recorrió el valle del río Guacacayo de sur a norte. Comprendió el español la importancia de la región como punto clave en la comunicación con Quito y Popayán y ordenó la fundación de las ciudades de San Calixto de Timaná y la Limpia Concepción del valle de Neiva…La guerra fue el fenómeno inaugural de la presencia española en el valle del Alto Magdalena. Mediante la violencia, el terror y la muerte, el conquistador (Sebastián de Belalcázar) se abrió campo, ocupó el territorio y subyugó a los indios.
El conquistador se apropió de la tierra indígena, fundó ciudades que en un comienzo tenían las características de fuerte militares, formó estancias que pronto habrían de convertirse en haciendas ganaderas y se aplicó a la consecución de oro. La constitución temprana de las haciendas ganaderas. En esta lucha desigual se impone la segunda.
La preñez de las indígenas, fruto de la usurpación y violación en el primer momento, da origen a una raza mestiza que poblará más adelante estas tierras, pero aún así los indígenas no se doblegaron y con sus tambores llamaron a la guerra; vencer o morir fue su lema.
Los europeos no se rinden y si la fuerza de las armas no logra someter el coraje de un pueblo fiel a sus principios, lo van a intentar ahora ideológicamente con la fuerza de la religión y para ello traen a los Jesuitas quienes llegan en 1612; ellos crean la hacienda Aposentos, que poco después se convierte en emporio de riqueza ganadera y adoctrinamiento católico y si bien los indígenas de la región no son confiables por su aguerrido pensar, deciden traer los indígenas del Caquetá, más sumisos y fáciles de manejar para las labores agrícolas y ganaderas; esta mano de obra fue complementada con negros.
PROCESO DE FUNDACION DEL HOY MUNICIPIO DE VILLAVIEJA
Esta población tiene origen en las tierras pobladas por los indígenas de origen Tama, ubicados en la margen derecha del río Grande hasta el río Cabrera. Eran pobres y parece que pagan tributo algunas veces a los paeces y otras a los Andaquíes.
Primera fundación: La fundación de este poblado esta íntimamente relacionada con la fundación de la ciudad de Neiva. Sebastián de Belalcázar antes de regresar a España (con Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmann) decide enviar a su lugarteniente, el capitán Juan de Cabrera, a fundar una población; esta fundación se hizo en 1539 en el sitio Las Tapias (hoy Otás, vereda del municipio de Campoalegre) bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción, la ciudad de Neiva. La población duró hasta 1510.
Segunda fundación: Para el año de 1510, la población fundada por Juan de Cabrera fue atacada ferozmente por los nativos. Mandaba el cuerpo de guardia de los españoles el capitán Juan de Alonso; los españoles se vieron obligados a salir en forzosa retirada hacia el Norte, hasta un lugar donde se levantan peñones al lado y lado del camino; este lugar fue tomado como fortaleza por los conquistadores que lograron contener el avance de los indígenas; al lugar se le conoce como Fortalecillas. Con los restos de su tropa y con el mismo empeño se dio fundación a la población de Neiva, siguiendo la orden de Belalcázar, en el lugar ocupado actualmente por Villavieja.
Allí, la colonia floreció hasta el año 1569 en que fue destruida por los pijaos, y sus habitantes se vieron obligados a trasladarse a Timaná.21 Esta versión es ratificada por el padre Jenaro Díaz Jordán, quien da como fecha precisa de la fundación el 18 de agosto de 1550 con el nombre de “San Juan Nepomuceno de Neiva. La población de San Juan Nepomuceno de Neiva fue asaltada por Álvaro de Oyón en un recorrido devastador de Sur a Norte viniendo desde Perú, y pasando por Popayán, La Plata y Timaná, donde se le unió Gonzalo de Zúñiga con treinta hombres; formando un ejército de cien soldados marchó sobre San Juan de Neiva; tomó sorpresivamente a la población, mató a los regidores que estaban reunidos en Cabildo y robó cuanto estuvo a su alcance; para apaciguar la situación y tratar de que los moradores regresen a sus casas y reforme en lo necesario según convenga a su majestad fue enviado el capitán Martín Tafur. A estos funestos acontecimientos le siguieron la insurrección de los naturales. Retomando a Jenaro Díaz Jordán, quien cita a Enrique Ortega Ricaurte en su obra “Recuerdos de la Real Audiencia” tomo 1, el acuerdo 13 de abril de 1554 dice que por causa del alzamiento de Álvaro de Oyón “Los naturales de la villa de San Juan de Neiva se alzaron y rebelaron del servicio de su Majestad y han muerto cuatro españoles. Por el riesgo que corren, han enviado a pedir socorro a esta Real Audiencia, lo cual si con brevedad no se les diese podría ser causa de que la dicha Villa de Neiva se despoblase, de que Dios y Su Majestad serian deservidos”. Los indígenas de la región continuaron buscando liberarse de los españoles posiblemente apoyados por los guerreros pijaos, raza valerosa y feroz que atrasó por más de 70 años la colonización de lo que hoy es el departamento del Huila, según Jenaro Díaz, quien cita a Rodríguez Freile y el capitán Diego Bocanegra. Dice el primero en su obra El Carnero: “Los paeces eran naturales de aquella cordillera, los Pijaos habían llegado desde el Darién al asentamiento Paez con quienes trabaron amistad y parentesco, y se apoderaron de aquella cordillera (Central), de esta banda del río Grande por encima del valle de Neiva corre otra cordillera (Oriental) en ella residen los Duhos, y Bahaduos que son la carne de los Pijaos… pues esta gente por más de cuarenta y cinco años infestaban, robaban, asaltaban estos dos caminos, matando a los pasajeros, hombres, mujeres, niños, sacerdotes con todos los criados y gente que los acompañaba”.
El capitán Bocanegra, a solicitud del Gobernador de Popayán, dice: “La tierra donde viven estos indios Pijaos es muy áspera y fragosa…Los caminos reales los tienen todos custodiados y no se puede pasar sin escolta y guarnición de arcabuceros. Con esto tienen tan atemorizados y afligidos los pueblos de españoles y naturales que han quedado, que no se hallan seguros, ni lo están, así se hayan fortificado y cercado de tapias y palenques para que no den sobre ellos de noche y los acaben a todos.
El 14 de noviembre de 1569 fue completamente destruida la población de San Juan de Nepomuceno de Neiva por los indios Totoyoes, aliados con los doches y pijaos, en venganza del ultraje cometido por Juan de Horta –teniente del capitán Juan de Alonso– en Tocayá, princesa aborigen, hija del cacique Totoyó, dueño y señor de la comarca.
Francisco de Paula Plazas menciona que el Teniente Juan de Horta, al encontrar sola a la princesa, la tomó como su esposa y formó hogar con ella, y debido a su gran fortaleza física y su capacidad para nadar en los ríos, se convirtió en el jefe de los indígenas. Esta es una manera muy romántica de justificar el mestizaje en la región. El Presidente don Juan de Borja dio expresas órdenes de “dominar a sangre y fuego a los indios” de la destruida villa, como en efecto ocurrió.
Origen del nombre de Villavieja: El nombre de Villavieja se originó a partir de 1613, debido a que don Diego de Ospina, fundador de la provincia de Neiva, para referirse a la fundación hecha por Juan de Alonso “la mentara como Villa vieja nombre en gracia a que los pobladores de los que distinguiera y honrara.” Es bueno hacer hincapié en el origen del actual poblado de Villavieja, debido a que siendo uno de los pueblos más antiguos, aún no logra despegar en su proceso desarrollo. “En 1612 don Diego de Ospina y Medinilla, gobernador y capitán general, alguacil mayor de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada llegó a la Villa de San Juan de Neiva y la encontró casi deshabitada. Únicamente residían algunos indios y mestizos, y tan solo, a unos cuantos kilómetros de la villa, habitaban la riberas del río Tocayó (hoy Cabrera) la tribu de los indios doches, y a unos pocos las del Totoyó (hoy río Villavieja), los Totoyoes” Es muy probable que Francisco Plazas haya cometido un error de apreciación al llamar Totoyó al rió Villavieja, porque aún hoy el principal afluente de este río lleva por nombre Guarocó. Como se puede observar, hasta este momento histórico Villavieja era un territorio habitado de manera dispersa por algunos colonos; el pueblo como trazado dentro de la concepción española no existía.
Creación de la provincia de Neiva: El fundador de la provincia de Neiva, venía procedente de Remedios (actual Antioquia), donde se había dedicado a encomendero de indios, poseyendo minas y cuadrillas de esclavos negros; así que trasladó buena parte de sus inversiones hasta Neiva, llevando entre ellas los esclavos, quienes eran muy hábiles en las labores de la minería. La gobernación de Neiva fue creada en 1610 en la presidencia de Juan de Borja. Otorgada mediante capitulaciones con la Real Audiencia, comprendía las provincias de Saldaña, Neiva y Timaná. Se convirtió en un verdadero feudo que recibió el capitán Diego de Ospina y Medinilla, fundador de Neiva, quien la ejerció hasta el día de su muerte, el 17 de marzo de 1630; esta fue heredada por su hijo, Don Francisco Martínez de Ospina, quien desempeñó el cargo hasta 1650, dejado a su vez en herencia a su hijo Diego de Ospina Maldonado; en 1665 le sucedió su hermano don Jacinto de Ospina y Maldonado, hasta 1667 que se nombró a Francisco Álvarez Velasco, primo hermano del anterior y biznieto del fundador Diego de Ospina. Estos datos sobre la Gobernación de Neiva colonial permiten ver cómo hubo un proceso de heredad en el manejo de la Gobernación, quedando clara la incidencia del concepto feudal en el desarrollo político de la región.
Evangelización: En el transcurso de conquista y colonización fue muy importante el papel que desempeñó la Iglesia Católica. Sin embargo, para esta región no hacen mucha referencia a él los cronistas e historiadores. Hay un dato importante que permite vislumbrar el papel ideológico de la Iglesia en el desarrollo cultural colonial: “Su majestad don Felipe II, por real cédula expedida en Sevilla en el año de 1557, donó a la fábrica de la iglesia de San Juan de Neiva quinientos ducados para su construcción. Como era costumbre, por acuerdo del 29 de septiembre de 1559 el cabildo de la nombrada Villa de san Juan de Neiva otorgó poder a Pedro Suárez, procurador de causas de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada y a Lope de Rioja, relator de dicha Audiencia, para que percibiera la donación”. Y en síntesis, continuaron los poderes que da el concejo de justicia y regimiento a Pedro Xuárez, y todo el proceso hasta recibir la donación. Ver anexo Nº 4. El mayordomo de fábrica de la iglesia de San Juan de Neiva, a su vez, otorgó los espectivos poderes, hasta recibir los quinientos ducados e invertirlos en la construcción de la iglesia; se puede deducir que esta primera iglesia hace referencia a la capilla Santa Bárbara, más tarde reedificada por José María Herrera Bahamón como se explicará más adelante.
Hacienda Los Aposentos: Francisco Plazas, retomando a don Gabino Charry en su obra Frutos de mi tierra, afirma: El 4 de mayo de 1631, Francisco Martínez de Ospina, gobernador de la Villa de Timaná Neiva y Saldaña, hijo de don Diego de Ospina y Medinilla, el fundador de Nuestra Señora de la Limpia Concepción del Valle de Neiva”, hizo gracia y donación al Colegio de la Compañía de Jesús de tres caballerías de tierra de las antiguas, de a seis mil pasos en contorno, desde donde entra el río Villavieja en el río grande de la Magdalena, corriendo el dicho río arriba en todo lo que alcanzaran el límite de las caballerías”.
Los padres Jesuitas habían llegado al valle de Neiva en 1606; se dedicaron a la misión apostólica entre los indios y mestizos dedicados a la agricultura y la pesca. Estos se reunían con los indios Doches en un punto de la quebrada La Venta, situada en el trayecto del camino viejo que conduce de Viillavieja a Cabrera, camino hacia Bogotá, para realizar sus mercados e intercambios. Los miembros de la Compañía de Jesús, además de su misión apostólica, dedicaron mucho tiempo y esfuerzo en la consolidación de la hacienda los Aposentos adquiriendo tierras por donación y/ o por compra y ganados, además de los bienes y servidumbre que había en las adquisiciones; en esta tarea se destacó el hermano Manuel Martín, Procurador de la Compañía de Jesús, quien además hizo construir el edificio cuyas ruinas aún hoy se aprecian en el terreno de lo que fue la hacienda el Porvenir (hoy parcelación el Porvenir).
Entre las compras que hizo se cuenta la hecha a Leonardo de Mendoza descendiente legitimo del capitán Francisco de Mendoza, en 1646, de la estancia que por heredad le correspondía, en el sitio los Ahorcados que lindan por una parte con el río Cabrea y por otra con tierras de la Compañía de Jesús y el río grande de la Magdalena, excepto una estancia de tierra que tiene el Paso Real, donde está la barqueta con el mismo paso. Esta adquisición fue ampliada con la compra a Doña Francisca de Mendoza y María Mendoza, hermanas de Leonardo Mendoza, en 1648, de las tierras heredadas en la misma estancia de los Ahorcados; estas tierras se extendían desde la orilla del río Cabrera hasta la quebrada los Ahorcados, trece estancias de las ordinarias las primeras y las segundas comprendían cuatro estancias: los terrenos desde la orilla del río grande de la Magdalena hacia la sierra más alta de esta parte, más otras cinco que principiaban desde el sitio de los Ahorcados río arriba hasta lindar con las tierras de la Compañía de Jesús, es decir, con lo que hoy es la parcelación el Porvenir. Estas tierras pertenecieron al capitán Francisco de Mendoza, quien las recibió por donación de don Diego de Ospina y Medinilla, en virtud de importantes servicios prestados a la Corona en la conquista de los indios Duhos, otras en la fundación de Neiva y por último por castigar y someter a los rebeldes Pijaos en tiempos de la presidencia de Juan de Borja. En 1659 el padre Gaspar de Cujía compra a José Garrido de Ávila y su esposa María Fajardo veintiuna estancias en terrenos de Guarocó, río Villavieja, la serranía Hato de Bogotá y Señoría. La prosperidad económica de la hacienda Los Aposentos era reconocida, ya que a este lugar concurrían hacendados de Neiva, Timaná, Tocaima y Saldaña a negociar con la Compañía.
En 1760, eran poseedores de diez mil reses vacunas, fuera de quinientas cabezas entre caballosy bestias y flojamente un millar de corridas yeguas y animales menores, todo repartido en los hatos que componían y se administraban desde la hacienda de Villavieja. Las relaciones de producción de estos años de la hacienda de Los Aposentos se realizaron muy cordiales con un trato afable y hasta familiarmente dentro del respeto que los amos exigían a sus inferiores y esclavos, reconociendo las habilidades laborales de cada uno para su desempeño.
Entre servidumbre y esclavos había un sano espíritu de conformismo fatalista; y el aire sano de los campos y el austero hábito del quehacer diario, plagado de virtudes y de hechos patriarcales en donde los frailes exaltaban los primeros, levantaban el ánimo y aderezaban el carácter de la muchedumbre para un servicio generoso como para una galantería natural. De esta apreciación, que es un poco romántica y con un fondo de perfección cristiana, pasamos a otra apreciación de la realidad. La explotación de los esclavos por parte de los Jesuitas presentó varias características que la identifican; algunas de ellas en franca contravía con la Corona.
Según la misma fuente bibliográfica, se les inculcó la religión católica y por ende la familia monogámica de línea patriarcal, casi todos provenientes de negros bozales, es decir, traídos directamente de África. Se les permitió conservar las bases culturales y organizativas al interior de su grupo admitiéndoles la unión familiar y comunitaria alrededor de una fracción de tierras llamadas “Conucos”, consistentes en parcelas pequeñas, pero suficientes para sembrar maíz, caña de azúcar y demás productos necesarios para la alimentación, además de monte para sacar leña y madera para construir sus rústicos ranchos.
En los conucos cultivaban y criaban especies menores para el autoabastecimiento alimentario del grupo y para con el excedente cubrir la demanda de los hermanos evangelizadores y administradores o legos. La dedicación de la hacienda era la ganadería extensiva por lo cual no se requería la mano de obra femenina, lo que permitía a las mujeres dedicarse a las labores agrícolas y cría de especies menores para su alimentación y el cuidado de la hacienda. Los esclavos podían trabajar a un ritmo más relajado sin que les vigilase constantemente su forma de vivir. Lo anterior permitió incentivar la productividad de la Hacienda, propiciar el arraigo a la tierra, el acato y respeto a las normas impuestas por los Jesuitas y fomentar la convivencia armónica y pacífica al interior de la comunidad.
En 1767 los padres de la Compañía de Jesús fueron expulsados de los dominios de España por su Majestad el Rey Carlos III de Borbón y al Virrey don Pedro Mecía de la Cerda le tocó esta expulsión en el Nuevo Reino de Granada. Como consecuencia inmediata, el 3 de agosto de 1767 el Virrey comisionó a don Miguel Gálvez y Ceballos, Gobernador de Neiva, para que se traslade a la hacienda Los Aposentos con escribano y testigos para entregar la carta de su provincial, al padre administrador Saturnino Fornet, solicitar las llaves, inventario y orden de abandonar la hacienda y ser conducido a la Villa de Honda, para dar cumplimiento a la orden del rey.
El 4 de septiembre, por orden del Virrey se entregaron todos los hatos, enseres y semovientes al esclavo Juan Fortunato, muy conocedor como que había sido adiestrado por el Provincial Tías en la administración. Hasta este momento no se había logrado hacer el inventario de los semovientes, debido a la temporada de lluvias, propias de este periodo de tiempo. En noviembre, se trasladó el Gobernador a Villavieja para presenciar los rodeos. Estando en este lugar recibió orden superior para entregar todos esos haberes a Don Fernando de Guzman y Luna, quien había sido nombrado administrador, hecho que se verificó ante los testigos: Miguel de la Borda y Juan Calderón el 23 de diciembre del mismo año, hasta el 4 de marzo de 1769.
En el mes de agosto de 1767, todos los bienes de la compañía de Jesús en el Nuevo Reino de Granada fueron ocupados por las autoridades civiles, y con ese motivo de 1769 a 1770, sirvió el cargo de administrador de la hacienda don José Antonio del Lago, quien de allí pasó a Gobernador y Justicia Mayor de la ciudad y Provincia de Neiva, y Corregidor del partido de los Paeces. Es muy importante el énfasis que Francisco Plazas hace sobre este asunto tomando los datos del Archivo Nacional de Temporalidades tomo 7 folio 889, Virrey “…toda la hacienda se compone de 219 y media estancias, treinta y cuatro y media cabuyas de tierra, 15.176 reces vacunas 2716 yeguas 843 cabras 98 ovejas, 98 esclavos…su valor total es de 108.620 pesos 5 reales, 7 maravedíes y dos tercios de otro. Dado a los 14 días del mes de junio de 1762. Firma Antonio del Lago y Roque Arias de Prada, escribano público. Hecha la demarcación el señor Francisco Antonio Moreno, Protector General del Nuevo Reino y fiscal de la Junta de Temporalidades, ordena pregonar la venta de las haciendas; este acto se ofició en la voz de Juan mulato durante treinta días en la esquina en la plaza pública a la salida de la misa mayor. Pasado este tiempo, aún no se vendían las haciendas por lo que las continuó administrando don Antonio del Lago.
En 1776 don Joaquín Arce y Piedrahita, vecino de Neiva informó a la Real Junta de Temporalidades que remataría las haciendas pagando una parte de contado y otros meses después, asegurando un rédito (interés). El 5 de agosto de 1775 había entrado a ejercer como Gobernador de la provincia de Neiva el señor Policarpo Fernández, quien con Faustino Flores, abogado de la Real Audiencia y el señor del Lago hicieron entrega de la hacienda al señor Arce.
FUNDACIÓN DEL CENTRO ADMINISTRATIVO DE LO QUE HOY ES EL MUNICIPIO DE VILLAVIEJA
En el transcurso de la Colonia, el poblado de Villavieja fue sujeto de hechos históricos que se perdieron en el tiempo, sin dejar huella fehaciente de su acontecer en desarrollo del progreso, pero que para entender lo que hoy es el devenir cultural se debe tener presentes. Seguimos a Francisco de Paula Plazas: cuatro años antes de que fueran expulsados los Jesuitas, los villaviejunos se habían dirigido al señor Arzobispo Metropolitano de Santafé para que su capilla y vecindario fueran constituido en parroquia.
Este documento quedó sin respuesta debido a la muerte del Ilustrísimo Señor Araus en 1764. Nueve años más tarde el señor Arzobispo fray Agustín Camacho encomendó al Dr. Francisco de Vargas la solicitud de las villaviejunos, por ser este visitador de las provincias de Tocaima, Neiva, y cura de la Villa de Purificación; sin mediar palabra, el cura intentó anexar a su parroquia los hatos de Boquerón, Salermo y Raspacanillas que pertenecían a la hacienda de Villavieja, y además logró que el señor Virrey aprobara los límites de los Aposentos de Villavieja. Este hecho ocasionó la protesta de los villaviejunos y del cura de Alpujarra.
El visitador Vargas, para solucionar el problema, encarga al Gobernador de la provincia de Neiva, y solicita al capellán de la hacienda de Villavieja datos sobre número de habitantes y lo que producían las primicias y limosnas. La respuesta manifiesta que dentro de los límites dados hay 90 cabezas de familias que pueden aportar treinta pesos anuales; manifestando que es justa la protesta que hacen los vecinos de Boquerón, Salermo, Raspacanillas a unirse a la parroquia de Alpujarra, ya que estos moradores se agregarán a la nueva parroquia que ha de fundar en Villavieja. El señor Gobernador envía al señor visitador eclesiástico el informe así:
1. Es justa la oposición de los vecinos de Boquerón, Salermo y Raspacanillas para unirse a la parroquia de Alpujarra y pedir la agregación a la nueva que se ha de fundar en Villavieja.
2. Las familias al presente existen exceden a ciento, las que aumentará cuando se vendan las dieciséis haciendas, y se compondrá un vecindario que haga apetecibles el curato por su congruo, conveniencia y fácil administración.
3. Los hatos son ricos por sus ganados; cada hato ha sido evaluado en 7.00 pesos, lo que atraerá a las gentes para aumentar el vecindario.
4. Para formar la población me parece ser en el hato de Villavieja donde está la capilla, cuyo terreno de medio cuarto de estancia podrá valer 10 Pesos, a razón de 80 en que se ha evaluado la estancia, el cómo depende su donación de la real Junta de Temporalidades, no puedo opositar si la cederá su majestad junio de 1772 José Antonio del Lago. Los documentos fueron enviados al Virrey Guirior, quien ordena a la junta de Temporalidades ceder la capilla y terreno necesarios para la nueva parroquia.
Se infiere del devenir historiográfico que para el año de 1773 aun no había un centro administrativo conforme a la usanza española en la fundación de pueblos, sino caseríos dispersos en torno de las haciendas; razón por la cual, la actual Villavieja nace como centro administrativo por la intervención de los pobladores y la necesidad de una parroquia que facilitara la oficialización de los actos religiosos y como estrategia de atraer nuevas familias que compraran los hatos que estaban a la venta. El 7 de mayo de 1775, la Junta de Temporalices expresó: “Que desde luego aplican y adjudican la hacienda de Villavieja para que sirva de iglesia a la parroquia, concediendo al mismo tiempo el cuadro de plaza y casa de habitación del señor cura, con lo preciso para cárcel, a cuyo efecto se librará orden al Gobernador de la Provincia de Neiva administradora de aquella hacienda para que en esta inteligencia separe la parte de terreno que va aplicada, midiéndola con prolija especificación para que se entregue con capilla a quien corresponda quedando derecho a la misma hacienda para arrendar por precios equitativos los solares necesarios a los que quieran poblarse. Firma el auto anterior Guirior, Garjano, Arostegui, Ríos y Moreno”.
Trazado del poblado de la actual Villavieja: El gobernador del Lago siguiendo los parámetros establecidos hace su informe donde consta lo siguiente: “Yo don José Antonio del Lago administrador de las haciendas de Villavieja… hago la siguiente medición: Desde la esquina de la casa de vivienda de este hato que esta hacia la parte del Río grande de la Magdalena, siguiendo recto al frente de dicha casa hacia la quebrada Verde, hasta donde llegaron las sesenta y seis varas, se puso un estantillo por mojón, quedando formado el costado que mira al oriente. Y desde dicho estantillo siguiendo en recto el costado que mira hacia la parte del sur y esta al lado de dicha quebrada Verde, hasta otro estantillo en que se contaron otras tantas varas, desde este, dándole las mismas, llego delante un poco de la esquina que hace el corral de este hato, igual con la esquina de la casa del negro Salvador, que forma las dos bocacalles cruzadas que debe tener la plaza por esquina, y quedo delineado el costado que mira al poniente; desde dicho paraje siguiendo la casa del sobre dicho negro Salvador se midieron otras tantas varas que llegaron a la esquina de la casa del primer lindero, formando el costado que mira a la parte del norte, y demarca la plaza. Elijo y separo en cualquiera de dichos costados para la iglesia el terreno de ciento cuarenta y ocho pies de largo (148) por treinta de ancho (30 que son los mismos que tiene la actual capilla. Para la casa del cura el solar contiguo a la iglesia, de ochenta pies en cuadro y para la cárcel el de sesenta pies uno y otro competente, con lo que se termina la presente diligencia en la Hacienda de Villavieja jurisdicción de la ciudad de Neiva, a 29 días del mes de mayo de 1775 José Antonio del Lago.
El alarife Miguel Rivera. Testigos, Juan Bahamón, Francisco Marroquín.” A partir de este momento, Villavieja cuenta con el marco característico de las fundaciones españolas, alrededor de las cuales se desarrollan los hechos del diario vivir de la época, en cuanto a su derredor se poblaba con las personas más prestantes del momento, se ofrecía los oficios religiosos y se decidía sobre asuntos sociales de importancia del poblado.
Nombre del/los fundador (es): JUAN ALONSO DE LA TORRE
Reseña histórica:
PRIMERA CAPITAL DEL DEPARTAMENTO DEL HUILA Y UNO DE LOS MUNICIPIOS MAS ANTIGUOS DEL CENTRO DEL PAIS
El Valle de Yacará, hoy Villavieja, estuvo poblado por caseríos dispersos de indígenas Doches y Totoyoes, los cuales vivieron en la ribera del río Cabrera (Totoró), los primeros, y en la margen derecha del río Magdalena (Yuma) LOS Totoyoes. Como testimonio de esta época, Correal Urrego (1977) encontró una gran cantidad de materiales líticos, los cuales pertenecen a asentamientos temporales, establecidos en grupos muy densos de cazadores, pescadores y recolectores.
La mayor parte de estos elementos corresponde a desechos de talla o lascas atípicas o irregulares; en esta serie están representados raspadores de tipo lateral, terminal y discoidal, asociados a actividades de caza. A pesar de que es incuestionable la actividad humana prehistórica en la región de Villavieja y la Tatacoa, su naturaleza está vagamente estudiada. Estos indígenas mantuvieron buenas relaciones comerciales con los pueblos del norte y del sur; los puntos de encuentro pudieron haber sido los sitios conocidos como Piedra Pintada, en la margen izquierda del río Magdalena (municipio de Aipe) y La Venta (municipio de Villavieja); algunas cerámicas encontradas por los campesinos dan cuanta de este hecho permitiéndonos entender la red de caminos que hubo en el territorio huilense por donde transitaron numerosas tribus, y culturas dese tiempos inmemoriales.
“El camino del Páramo de las Papas o del Sur, tiene antiquísimo origen que le dieron los intercambios indígenas en tiempos precolombinos. Bien se sabe que sobre él, se realizó el comercio de distintas naciones, como la sal de los Chibchas y las mantas y tejidos de los Incas del Perú y otras civilizaciones situadas más abajo de la línea ecuatorial”. Estos pueblos cayeron en manos de conquistadores ambiciosos, codiciosos, que atendían a un patrón cultural, dirigidos por Gonzalo Jiménez de Quesada, quien llegó desde el norte y bautizó este lugar como “Valle de las tristezas” (1538), y Sebastián de Belalcázar, quien venía de sur a norte (1539); los dos en busca del “Dorado”. Joaquín García Borrero, retomando al padre Aguado, en su obra Recopilación Historial, afirma: “Teniendo noticias de las muchas riquezas que en Neiva había, fue allá con parte de su gente…Había en este valle de Neiva de la una parte y otra del río algunas poblaciones.
Los naturales, teniendo noticias de la llegada de los españoles, dejaron sus pueblos y se pasaron a la otra parte del río grande, pero luego, algunos pasaron a visitar al general, y trajeron de presente cincuenta libras de oro muy fino y subido de quilates. La noticia del pilar de oro no era cierta; se trataba de un madero recubierto con oro; los españoles enfermaron debido al clima ardiente, razón por la cual le dan el nombre ya mencionado de “Valle de las Tristezas” “El valle de Neiva fue el nombre que diera Belalcázar a lo que hoy es propiamente el departamento del Huila”.
A partir de entonces, se entabla una lucha de principios, de cosmovisiones diferentes, los indígenas con el vigor y energía ecológica contra la fuerza de los españoles portadores de una cultura del Medioevo decadente. Según Bernardo Tovar Zambrano, quien toma datos de Fray Jerónimo, el exterminio de los indígenas fue inminente: 1538 20.000 indígenas en la provincia de Timaná, 1582 700 indígenas en la misma provincia. Lo cual implica que en 44 años han dejado de existir 19.300 indígenas en la provincia de Timaná. “Sebastián de Belalcázar llegó al valle de Neiva en 1538, un año después que lo hiciera Jiménez de Quesada.
Al parecer, la entrada de Belalcázar fue bastante violenta, pues así lo señalaban fundados indicios que sobre sus actividades de ranchería, apropiación de oro, captura de mujeres indígenas, quema de pueblos y otros hechos similares, según una probanza hecha en Santa Fe en 1539 ante el alguacil mayor Hernán Pérez de Quesada.
Para la expedición de Belalcázar, según lo manifiesta Juan de Castellanos, “el valle de Neiva resultó ser una tierra exactamente opuesta a la experimentada por los hombres de Jiménez de Quesada”. El conquistador Sebastián de Belalcázar, recorrió el valle del río Guacacayo de sur a norte. Comprendió el español la importancia de la región como punto clave en la comunicación con Quito y Popayán y ordenó la fundación de las ciudades de San Calixto de Timaná y la Limpia Concepción del valle de Neiva…La guerra fue el fenómeno inaugural de la presencia española en el valle del Alto Magdalena. Mediante la violencia, el terror y la muerte, el conquistador (Sebastián de Belalcázar) se abrió campo, ocupó el territorio y subyugó a los indios.
El conquistador se apropió de la tierra indígena, fundó ciudades que en un comienzo tenían las características de fuerte militares, formó estancias que pronto habrían de convertirse en haciendas ganaderas y se aplicó a la consecución de oro. La constitución temprana de las haciendas ganaderas. En esta lucha desigual se impone la segunda.
La preñez de las indígenas, fruto de la usurpación y violación en el primer momento, da origen a una raza mestiza que poblará más adelante estas tierras, pero aún así los indígenas no se doblegaron y con sus tambores llamaron a la guerra; vencer o morir fue su lema.
Los europeos no se rinden y si la fuerza de las armas no logra someter el coraje de un pueblo fiel a sus principios, lo van a intentar ahora ideológicamente con la fuerza de la religión y para ello traen a los Jesuitas quienes llegan en 1612; ellos crean la hacienda Aposentos, que poco después se convierte en emporio de riqueza ganadera y adoctrinamiento católico y si bien los indígenas de la región no son confiables por su aguerrido pensar, deciden traer los indígenas del Caquetá, más sumisos y fáciles de manejar para las labores agrícolas y ganaderas; esta mano de obra fue complementada con negros.
PROCESO DE FUNDACION DEL HOY MUNICIPIO DE VILLAVIEJA
Esta población tiene origen en las tierras pobladas por los indígenas de origen Tama, ubicados en la margen derecha del río Grande hasta el río Cabrera. Eran pobres y parece que pagan tributo algunas veces a los paeces y otras a los Andaquíes.
Primera fundación: La fundación de este poblado esta íntimamente relacionada con la fundación de la ciudad de Neiva. Sebastián de Belalcázar antes de regresar a España (con Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmann) decide enviar a su lugarteniente, el capitán Juan de Cabrera, a fundar una población; esta fundación se hizo en 1539 en el sitio Las Tapias (hoy Otás, vereda del municipio de Campoalegre) bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción, la ciudad de Neiva. La población duró hasta 1510.
Segunda fundación: Para el año de 1510, la población fundada por Juan de Cabrera fue atacada ferozmente por los nativos. Mandaba el cuerpo de guardia de los españoles el capitán Juan de Alonso; los españoles se vieron obligados a salir en forzosa retirada hacia el Norte, hasta un lugar donde se levantan peñones al lado y lado del camino; este lugar fue tomado como fortaleza por los conquistadores que lograron contener el avance de los indígenas; al lugar se le conoce como Fortalecillas. Con los restos de su tropa y con el mismo empeño se dio fundación a la población de Neiva, siguiendo la orden de Belalcázar, en el lugar ocupado actualmente por Villavieja.
Allí, la colonia floreció hasta el año 1569 en que fue destruida por los pijaos, y sus habitantes se vieron obligados a trasladarse a Timaná.21 Esta versión es ratificada por el padre Jenaro Díaz Jordán, quien da como fecha precisa de la fundación el 18 de agosto de 1550 con el nombre de “San Juan Nepomuceno de Neiva. La población de San Juan Nepomuceno de Neiva fue asaltada por Álvaro de Oyón en un recorrido devastador de Sur a Norte viniendo desde Perú, y pasando por Popayán, La Plata y Timaná, donde se le unió Gonzalo de Zúñiga con treinta hombres; formando un ejército de cien soldados marchó sobre San Juan de Neiva; tomó sorpresivamente a la población, mató a los regidores que estaban reunidos en Cabildo y robó cuanto estuvo a su alcance; para apaciguar la situación y tratar de que los moradores regresen a sus casas y reforme en lo necesario según convenga a su majestad fue enviado el capitán Martín Tafur. A estos funestos acontecimientos le siguieron la insurrección de los naturales. Retomando a Jenaro Díaz Jordán, quien cita a Enrique Ortega Ricaurte en su obra “Recuerdos de la Real Audiencia” tomo 1, el acuerdo 13 de abril de 1554 dice que por causa del alzamiento de Álvaro de Oyón “Los naturales de la villa de San Juan de Neiva se alzaron y rebelaron del servicio de su Majestad y han muerto cuatro españoles. Por el riesgo que corren, han enviado a pedir socorro a esta Real Audiencia, lo cual si con brevedad no se les diese podría ser causa de que la dicha Villa de Neiva se despoblase, de que Dios y Su Majestad serian deservidos”. Los indígenas de la región continuaron buscando liberarse de los españoles posiblemente apoyados por los guerreros pijaos, raza valerosa y feroz que atrasó por más de 70 años la colonización de lo que hoy es el departamento del Huila, según Jenaro Díaz, quien cita a Rodríguez Freile y el capitán Diego Bocanegra. Dice el primero en su obra El Carnero: “Los paeces eran naturales de aquella cordillera, los Pijaos habían llegado desde el Darién al asentamiento Paez con quienes trabaron amistad y parentesco, y se apoderaron de aquella cordillera (Central), de esta banda del río Grande por encima del valle de Neiva corre otra cordillera (Oriental) en ella residen los Duhos, y Bahaduos que son la carne de los Pijaos… pues esta gente por más de cuarenta y cinco años infestaban, robaban, asaltaban estos dos caminos, matando a los pasajeros, hombres, mujeres, niños, sacerdotes con todos los criados y gente que los acompañaba”.
El capitán Bocanegra, a solicitud del Gobernador de Popayán, dice: “La tierra donde viven estos indios Pijaos es muy áspera y fragosa…Los caminos reales los tienen todos custodiados y no se puede pasar sin escolta y guarnición de arcabuceros. Con esto tienen tan atemorizados y afligidos los pueblos de españoles y naturales que han quedado, que no se hallan seguros, ni lo están, así se hayan fortificado y cercado de tapias y palenques para que no den sobre ellos de noche y los acaben a todos.
El 14 de noviembre de 1569 fue completamente destruida la población de San Juan de Nepomuceno de Neiva por los indios Totoyoes, aliados con los doches y pijaos, en venganza del ultraje cometido por Juan de Horta –teniente del capitán Juan de Alonso– en Tocayá, princesa aborigen, hija del cacique Totoyó, dueño y señor de la comarca.
Francisco de Paula Plazas menciona que el Teniente Juan de Horta, al encontrar sola a la princesa, la tomó como su esposa y formó hogar con ella, y debido a su gran fortaleza física y su capacidad para nadar en los ríos, se convirtió en el jefe de los indígenas. Esta es una manera muy romántica de justificar el mestizaje en la región. El Presidente don Juan de Borja dio expresas órdenes de “dominar a sangre y fuego a los indios” de la destruida villa, como en efecto ocurrió.
Origen del nombre de Villavieja: El nombre de Villavieja se originó a partir de 1613, debido a que don Diego de Ospina, fundador de la provincia de Neiva, para referirse a la fundación hecha por Juan de Alonso “la mentara como Villa vieja nombre en gracia a que los pobladores de los que distinguiera y honrara.” Es bueno hacer hincapié en el origen del actual poblado de Villavieja, debido a que siendo uno de los pueblos más antiguos, aún no logra despegar en su proceso desarrollo. “En 1612 don Diego de Ospina y Medinilla, gobernador y capitán general, alguacil mayor de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada llegó a la Villa de San Juan de Neiva y la encontró casi deshabitada. Únicamente residían algunos indios y mestizos, y tan solo, a unos cuantos kilómetros de la villa, habitaban la riberas del río Tocayó (hoy Cabrera) la tribu de los indios doches, y a unos pocos las del Totoyó (hoy río Villavieja), los Totoyoes” Es muy probable que Francisco Plazas haya cometido un error de apreciación al llamar Totoyó al rió Villavieja, porque aún hoy el principal afluente de este río lleva por nombre Guarocó. Como se puede observar, hasta este momento histórico Villavieja era un territorio habitado de manera dispersa por algunos colonos; el pueblo como trazado dentro de la concepción española no existía.
Creación de la provincia de Neiva: El fundador de la provincia de Neiva, venía procedente de Remedios (actual Antioquia), donde se había dedicado a encomendero de indios, poseyendo minas y cuadrillas de esclavos negros; así que trasladó buena parte de sus inversiones hasta Neiva, llevando entre ellas los esclavos, quienes eran muy hábiles en las labores de la minería. La gobernación de Neiva fue creada en 1610 en la presidencia de Juan de Borja. Otorgada mediante capitulaciones con la Real Audiencia, comprendía las provincias de Saldaña, Neiva y Timaná. Se convirtió en un verdadero feudo que recibió el capitán Diego de Ospina y Medinilla, fundador de Neiva, quien la ejerció hasta el día de su muerte, el 17 de marzo de 1630; esta fue heredada por su hijo, Don Francisco Martínez de Ospina, quien desempeñó el cargo hasta 1650, dejado a su vez en herencia a su hijo Diego de Ospina Maldonado; en 1665 le sucedió su hermano don Jacinto de Ospina y Maldonado, hasta 1667 que se nombró a Francisco Álvarez Velasco, primo hermano del anterior y biznieto del fundador Diego de Ospina. Estos datos sobre la Gobernación de Neiva colonial permiten ver cómo hubo un proceso de heredad en el manejo de la Gobernación, quedando clara la incidencia del concepto feudal en el desarrollo político de la región.
Evangelización: En el transcurso de conquista y colonización fue muy importante el papel que desempeñó la Iglesia Católica. Sin embargo, para esta región no hacen mucha referencia a él los cronistas e historiadores. Hay un dato importante que permite vislumbrar el papel ideológico de la Iglesia en el desarrollo cultural colonial: “Su majestad don Felipe II, por real cédula expedida en Sevilla en el año de 1557, donó a la fábrica de la iglesia de San Juan de Neiva quinientos ducados para su construcción. Como era costumbre, por acuerdo del 29 de septiembre de 1559 el cabildo de la nombrada Villa de san Juan de Neiva otorgó poder a Pedro Suárez, procurador de causas de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada y a Lope de Rioja, relator de dicha Audiencia, para que percibiera la donación”. Y en síntesis, continuaron los poderes que da el concejo de justicia y regimiento a Pedro Xuárez, y todo el proceso hasta recibir la donación. Ver anexo Nº 4. El mayordomo de fábrica de la iglesia de San Juan de Neiva, a su vez, otorgó los espectivos poderes, hasta recibir los quinientos ducados e invertirlos en la construcción de la iglesia; se puede deducir que esta primera iglesia hace referencia a la capilla Santa Bárbara, más tarde reedificada por José María Herrera Bahamón como se explicará más adelante.
Hacienda Los Aposentos: Francisco Plazas, retomando a don Gabino Charry en su obra Frutos de mi tierra, afirma: El 4 de mayo de 1631, Francisco Martínez de Ospina, gobernador de la Villa de Timaná Neiva y Saldaña, hijo de don Diego de Ospina y Medinilla, el fundador de Nuestra Señora de la Limpia Concepción del Valle de Neiva”, hizo gracia y donación al Colegio de la Compañía de Jesús de tres caballerías de tierra de las antiguas, de a seis mil pasos en contorno, desde donde entra el río Villavieja en el río grande de la Magdalena, corriendo el dicho río arriba en todo lo que alcanzaran el límite de las caballerías”.
Los padres Jesuitas habían llegado al valle de Neiva en 1606; se dedicaron a la misión apostólica entre los indios y mestizos dedicados a la agricultura y la pesca. Estos se reunían con los indios Doches en un punto de la quebrada La Venta, situada en el trayecto del camino viejo que conduce de Viillavieja a Cabrera, camino hacia Bogotá, para realizar sus mercados e intercambios. Los miembros de la Compañía de Jesús, además de su misión apostólica, dedicaron mucho tiempo y esfuerzo en la consolidación de la hacienda los Aposentos adquiriendo tierras por donación y/ o por compra y ganados, además de los bienes y servidumbre que había en las adquisiciones; en esta tarea se destacó el hermano Manuel Martín, Procurador de la Compañía de Jesús, quien además hizo construir el edificio cuyas ruinas aún hoy se aprecian en el terreno de lo que fue la hacienda el Porvenir (hoy parcelación el Porvenir).
Entre las compras que hizo se cuenta la hecha a Leonardo de Mendoza descendiente legitimo del capitán Francisco de Mendoza, en 1646, de la estancia que por heredad le correspondía, en el sitio los Ahorcados que lindan por una parte con el río Cabrea y por otra con tierras de la Compañía de Jesús y el río grande de la Magdalena, excepto una estancia de tierra que tiene el Paso Real, donde está la barqueta con el mismo paso. Esta adquisición fue ampliada con la compra a Doña Francisca de Mendoza y María Mendoza, hermanas de Leonardo Mendoza, en 1648, de las tierras heredadas en la misma estancia de los Ahorcados; estas tierras se extendían desde la orilla del río Cabrera hasta la quebrada los Ahorcados, trece estancias de las ordinarias las primeras y las segundas comprendían cuatro estancias: los terrenos desde la orilla del río grande de la Magdalena hacia la sierra más alta de esta parte, más otras cinco que principiaban desde el sitio de los Ahorcados río arriba hasta lindar con las tierras de la Compañía de Jesús, es decir, con lo que hoy es la parcelación el Porvenir. Estas tierras pertenecieron al capitán Francisco de Mendoza, quien las recibió por donación de don Diego de Ospina y Medinilla, en virtud de importantes servicios prestados a la Corona en la conquista de los indios Duhos, otras en la fundación de Neiva y por último por castigar y someter a los rebeldes Pijaos en tiempos de la presidencia de Juan de Borja. En 1659 el padre Gaspar de Cujía compra a José Garrido de Ávila y su esposa María Fajardo veintiuna estancias en terrenos de Guarocó, río Villavieja, la serranía Hato de Bogotá y Señoría. La prosperidad económica de la hacienda Los Aposentos era reconocida, ya que a este lugar concurrían hacendados de Neiva, Timaná, Tocaima y Saldaña a negociar con la Compañía.
En 1760, eran poseedores de diez mil reses vacunas, fuera de quinientas cabezas entre caballosy bestias y flojamente un millar de corridas yeguas y animales menores, todo repartido en los hatos que componían y se administraban desde la hacienda de Villavieja. Las relaciones de producción de estos años de la hacienda de Los Aposentos se realizaron muy cordiales con un trato afable y hasta familiarmente dentro del respeto que los amos exigían a sus inferiores y esclavos, reconociendo las habilidades laborales de cada uno para su desempeño.
Entre servidumbre y esclavos había un sano espíritu de conformismo fatalista; y el aire sano de los campos y el austero hábito del quehacer diario, plagado de virtudes y de hechos patriarcales en donde los frailes exaltaban los primeros, levantaban el ánimo y aderezaban el carácter de la muchedumbre para un servicio generoso como para una galantería natural. De esta apreciación, que es un poco romántica y con un fondo de perfección cristiana, pasamos a otra apreciación de la realidad. La explotación de los esclavos por parte de los Jesuitas presentó varias características que la identifican; algunas de ellas en franca contravía con la Corona.
Según la misma fuente bibliográfica, se les inculcó la religión católica y por ende la familia monogámica de línea patriarcal, casi todos provenientes de negros bozales, es decir, traídos directamente de África. Se les permitió conservar las bases culturales y organizativas al interior de su grupo admitiéndoles la unión familiar y comunitaria alrededor de una fracción de tierras llamadas “Conucos”, consistentes en parcelas pequeñas, pero suficientes para sembrar maíz, caña de azúcar y demás productos necesarios para la alimentación, además de monte para sacar leña y madera para construir sus rústicos ranchos.
En los conucos cultivaban y criaban especies menores para el autoabastecimiento alimentario del grupo y para con el excedente cubrir la demanda de los hermanos evangelizadores y administradores o legos. La dedicación de la hacienda era la ganadería extensiva por lo cual no se requería la mano de obra femenina, lo que permitía a las mujeres dedicarse a las labores agrícolas y cría de especies menores para su alimentación y el cuidado de la hacienda. Los esclavos podían trabajar a un ritmo más relajado sin que les vigilase constantemente su forma de vivir. Lo anterior permitió incentivar la productividad de la Hacienda, propiciar el arraigo a la tierra, el acato y respeto a las normas impuestas por los Jesuitas y fomentar la convivencia armónica y pacífica al interior de la comunidad.
En 1767 los padres de la Compañía de Jesús fueron expulsados de los dominios de España por su Majestad el Rey Carlos III de Borbón y al Virrey don Pedro Mecía de la Cerda le tocó esta expulsión en el Nuevo Reino de Granada. Como consecuencia inmediata, el 3 de agosto de 1767 el Virrey comisionó a don Miguel Gálvez y Ceballos, Gobernador de Neiva, para que se traslade a la hacienda Los Aposentos con escribano y testigos para entregar la carta de su provincial, al padre administrador Saturnino Fornet, solicitar las llaves, inventario y orden de abandonar la hacienda y ser conducido a la Villa de Honda, para dar cumplimiento a la orden del rey.
El 4 de septiembre, por orden del Virrey se entregaron todos los hatos, enseres y semovientes al esclavo Juan Fortunato, muy conocedor como que había sido adiestrado por el Provincial Tías en la administración. Hasta este momento no se había logrado hacer el inventario de los semovientes, debido a la temporada de lluvias, propias de este periodo de tiempo. En noviembre, se trasladó el Gobernador a Villavieja para presenciar los rodeos. Estando en este lugar recibió orden superior para entregar todos esos haberes a Don Fernando de Guzman y Luna, quien había sido nombrado administrador, hecho que se verificó ante los testigos: Miguel de la Borda y Juan Calderón el 23 de diciembre del mismo año, hasta el 4 de marzo de 1769.
En el mes de agosto de 1767, todos los bienes de la compañía de Jesús en el Nuevo Reino de Granada fueron ocupados por las autoridades civiles, y con ese motivo de 1769 a 1770, sirvió el cargo de administrador de la hacienda don José Antonio del Lago, quien de allí pasó a Gobernador y Justicia Mayor de la ciudad y Provincia de Neiva, y Corregidor del partido de los Paeces. Es muy importante el énfasis que Francisco Plazas hace sobre este asunto tomando los datos del Archivo Nacional de Temporalidades tomo 7 folio 889, Virrey “…toda la hacienda se compone de 219 y media estancias, treinta y cuatro y media cabuyas de tierra, 15.176 reces vacunas 2716 yeguas 843 cabras 98 ovejas, 98 esclavos…su valor total es de 108.620 pesos 5 reales, 7 maravedíes y dos tercios de otro. Dado a los 14 días del mes de junio de 1762. Firma Antonio del Lago y Roque Arias de Prada, escribano público. Hecha la demarcación el señor Francisco Antonio Moreno, Protector General del Nuevo Reino y fiscal de la Junta de Temporalidades, ordena pregonar la venta de las haciendas; este acto se ofició en la voz de Juan mulato durante treinta días en la esquina en la plaza pública a la salida de la misa mayor. Pasado este tiempo, aún no se vendían las haciendas por lo que las continuó administrando don Antonio del Lago.
En 1776 don Joaquín Arce y Piedrahita, vecino de Neiva informó a la Real Junta de Temporalidades que remataría las haciendas pagando una parte de contado y otros meses después, asegurando un rédito (interés). El 5 de agosto de 1775 había entrado a ejercer como Gobernador de la provincia de Neiva el señor Policarpo Fernández, quien con Faustino Flores, abogado de la Real Audiencia y el señor del Lago hicieron entrega de la hacienda al señor Arce.
FUNDACIÓN DEL CENTRO ADMINISTRATIVO DE LO QUE HOY ES EL MUNICIPIO DE VILLAVIEJA
En el transcurso de la Colonia, el poblado de Villavieja fue sujeto de hechos históricos que se perdieron en el tiempo, sin dejar huella fehaciente de su acontecer en desarrollo del progreso, pero que para entender lo que hoy es el devenir cultural se debe tener presentes. Seguimos a Francisco de Paula Plazas: cuatro años antes de que fueran expulsados los Jesuitas, los villaviejunos se habían dirigido al señor Arzobispo Metropolitano de Santafé para que su capilla y vecindario fueran constituido en parroquia.
Este documento quedó sin respuesta debido a la muerte del Ilustrísimo Señor Araus en 1764. Nueve años más tarde el señor Arzobispo fray Agustín Camacho encomendó al Dr. Francisco de Vargas la solicitud de las villaviejunos, por ser este visitador de las provincias de Tocaima, Neiva, y cura de la Villa de Purificación; sin mediar palabra, el cura intentó anexar a su parroquia los hatos de Boquerón, Salermo y Raspacanillas que pertenecían a la hacienda de Villavieja, y además logró que el señor Virrey aprobara los límites de los Aposentos de Villavieja. Este hecho ocasionó la protesta de los villaviejunos y del cura de Alpujarra.
El visitador Vargas, para solucionar el problema, encarga al Gobernador de la provincia de Neiva, y solicita al capellán de la hacienda de Villavieja datos sobre número de habitantes y lo que producían las primicias y limosnas. La respuesta manifiesta que dentro de los límites dados hay 90 cabezas de familias que pueden aportar treinta pesos anuales; manifestando que es justa la protesta que hacen los vecinos de Boquerón, Salermo, Raspacanillas a unirse a la parroquia de Alpujarra, ya que estos moradores se agregarán a la nueva parroquia que ha de fundar en Villavieja. El señor Gobernador envía al señor visitador eclesiástico el informe así:
1. Es justa la oposición de los vecinos de Boquerón, Salermo y Raspacanillas para unirse a la parroquia de Alpujarra y pedir la agregación a la nueva que se ha de fundar en Villavieja.
2. Las familias al presente existen exceden a ciento, las que aumentará cuando se vendan las dieciséis haciendas, y se compondrá un vecindario que haga apetecibles el curato por su congruo, conveniencia y fácil administración.
3. Los hatos son ricos por sus ganados; cada hato ha sido evaluado en 7.00 pesos, lo que atraerá a las gentes para aumentar el vecindario.
4. Para formar la población me parece ser en el hato de Villavieja donde está la capilla, cuyo terreno de medio cuarto de estancia podrá valer 10 Pesos, a razón de 80 en que se ha evaluado la estancia, el cómo depende su donación de la real Junta de Temporalidades, no puedo opositar si la cederá su majestad junio de 1772 José Antonio del Lago. Los documentos fueron enviados al Virrey Guirior, quien ordena a la junta de Temporalidades ceder la capilla y terreno necesarios para la nueva parroquia.
Se infiere del devenir historiográfico que para el año de 1773 aun no había un centro administrativo conforme a la usanza española en la fundación de pueblos, sino caseríos dispersos en torno de las haciendas; razón por la cual, la actual Villavieja nace como centro administrativo por la intervención de los pobladores y la necesidad de una parroquia que facilitara la oficialización de los actos religiosos y como estrategia de atraer nuevas familias que compraran los hatos que estaban a la venta. El 7 de mayo de 1775, la Junta de Temporalices expresó: “Que desde luego aplican y adjudican la hacienda de Villavieja para que sirva de iglesia a la parroquia, concediendo al mismo tiempo el cuadro de plaza y casa de habitación del señor cura, con lo preciso para cárcel, a cuyo efecto se librará orden al Gobernador de la Provincia de Neiva administradora de aquella hacienda para que en esta inteligencia separe la parte de terreno que va aplicada, midiéndola con prolija especificación para que se entregue con capilla a quien corresponda quedando derecho a la misma hacienda para arrendar por precios equitativos los solares necesarios a los que quieran poblarse. Firma el auto anterior Guirior, Garjano, Arostegui, Ríos y Moreno”.
Trazado del poblado de la actual Villavieja: El gobernador del Lago siguiendo los parámetros establecidos hace su informe donde consta lo siguiente: “Yo don José Antonio del Lago administrador de las haciendas de Villavieja… hago la siguiente medición: Desde la esquina de la casa de vivienda de este hato que esta hacia la parte del Río grande de la Magdalena, siguiendo recto al frente de dicha casa hacia la quebrada Verde, hasta donde llegaron las sesenta y seis varas, se puso un estantillo por mojón, quedando formado el costado que mira al oriente. Y desde dicho estantillo siguiendo en recto el costado que mira hacia la parte del sur y esta al lado de dicha quebrada Verde, hasta otro estantillo en que se contaron otras tantas varas, desde este, dándole las mismas, llego delante un poco de la esquina que hace el corral de este hato, igual con la esquina de la casa del negro Salvador, que forma las dos bocacalles cruzadas que debe tener la plaza por esquina, y quedo delineado el costado que mira al poniente; desde dicho paraje siguiendo la casa del sobre dicho negro Salvador se midieron otras tantas varas que llegaron a la esquina de la casa del primer lindero, formando el costado que mira a la parte del norte, y demarca la plaza. Elijo y separo en cualquiera de dichos costados para la iglesia el terreno de ciento cuarenta y ocho pies de largo (148) por treinta de ancho (30 que son los mismos que tiene la actual capilla. Para la casa del cura el solar contiguo a la iglesia, de ochenta pies en cuadro y para la cárcel el de sesenta pies uno y otro competente, con lo que se termina la presente diligencia en la Hacienda de Villavieja jurisdicción de la ciudad de Neiva, a 29 días del mes de mayo de 1775 José Antonio del Lago.
El alarife Miguel Rivera. Testigos, Juan Bahamón, Francisco Marroquín.” A partir de este momento, Villavieja cuenta con el marco característico de las fundaciones españolas, alrededor de las cuales se desarrollan los hechos del diario vivir de la época, en cuanto a su derredor se poblaba con las personas más prestantes del momento, se ofrecía los oficios religiosos y se decidía sobre asuntos sociales de importancia del poblado.
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